Volver página principal

CLAUSURA DEL FESTIVAL PUNTO APARTE 2007

“VIOLENCIAS”

  Mañana jueves 21 de junio el Festival Punto Aparte clausura su edición de este año 2007 dedicada a las “Violencias”, con la presentación del libro: “Yiyo: Si no hay viento, habrá que remar”, que tendrá lugar a las 20:30 h. en el espacio 0 del Centro Párraga, y que contará con la participación de Alberto García Alix (Fotógrafo), Mara Mira (Directora del Centro Párraga), y Jorge Martínez (Director del Festival Punto Aparte), responsables del proyecto y de la edición de este libro que recoge, por vez primera, textos y una selección de imágenes de este fotógrafo “de culto” cartagenero, cuyo trabajo apenas ha sido dado a conocer a la opinión pública.

  El acto quiere ser, al margen de la presentación, un feliz reencuentro de personas que formaron parte de la vida de este malogrado fotógrafo que murió en accidente de motocicleta hace mas de diez años cuando daba comienzo una prometedora carrera profesional. El cruce de historias, de vidas paralelas, los reencuentros, y la generosidad y la mezquindad de la vida se dan cita en este “humilde” pero necesario trabajo que sale mañana a la luz tras años de estériles intentos.

Dice el diccionario de la palabra “libro”, que es un “conjunto de muchas hojas de papel que encuadernadas forman un volumen”... nada que ver con la realidad.

A mi me gusta mas esta otra definición de lo que hoy presentamos, “conjunto de imágenes y textos que muestran la vida de uno mismo y la de los que lo rodean, y que encuadernadas forman un recuerdo”.

 

Esto que hoy presentamos es también una deuda, una deuda conmigo mismo, una deuda con todos los que componen el universo de Yiyo, y claro, una deuda con el. No se valorar si esto que hacemos está bien o mal, si es importante o no, si es necesario... la caja de los recuerdos, como la de Pandora, debe ser tratada con mucho cuidado, incluso habrá gente que piense que no debe ser abierta mas que en la estricta intimidad, pero que carajo, de vez en cuando debemos dejar que el viento nos azote, debemos airear nuestras almas, y sobre todo, debemos sacarnos las espinas, espinas pequeñas, de esas que aun no doliendo demasiado, se hacen molestas, te ponen nervioso y son capaces de permanecer clavadas años y años, con el riesgo de que traspasen la dura piel y se introduzcan en nuestras venas en un recorrido rápido y directo al corazón, y esta espina llevaba camino de alcanzar mi femoral.

Tras muchos años masticando y mordiéndome la lengua hasta hacerme sangre, he encontrado la caja de recuerdos donde siempre he sabido que estaba, en la calle Infantas de Madrid, en el barrio de Malasaña. Siempre estuvo allí custodiada por Alberto que sin quererlo, se convirtió en depositario del legado artístico de Yiyo. Resulta curioso... precisamente Alberto, punto de origen y también final de esta larga historia.

Asensio Rodríguez “Yiyo”, era mi amigo, y amigo de mucha mas gente, y enemigo de otros tantos, y era fotógrafo, no se si bueno o malo, pero era fotógrafo en el sentido real de la palabra, y tuvo mala suerte, o buena, según como se mire. Pero como diablos no iba a tener mala suerte si le encantaba el número 13.

Asensio Rodríguez “Yiyo”, amaba la vida, también en el sentido real de la palabra vida, porque hay gente que aun estando viva, está mas cerca de estar muerto, y gente que estando muerta sigue viva. Y la vida lo amaba a el, pero debían tener algún negocio a medias, porque un día se marcharon los dos en una moto, tan rápido que casi no le dio tiempo a despedirse, pero es lo que tiene la amistad, la de verdad, que lo perdonas todo, hasta la mala educación.

Este “conjunto de imágenes y textos que muestran la vida de uno mismo y la de los que lo rodean, y que encuadernadas forman un recuerdo”, pertenece a mucha gente, mucha mas de la que pudiera yo enumerar, conocer o recordar, y todos y cada uno de ellos se verán representados de una u otra forma: los retratados, los no retratados, los que escriben y los que no, los que lo conocen bien, y los que no quisieron o no supieron conocerlo, el Canto de la Tripulación , Ramón Gómez de la Serna , Todos tus muertos..., esto que se presenta es solo una muestra humilde y pequeña de todo los que Yiyo nos dejó, y de lo que no nos dejó también.

Jorge Martínez

La mala suerte es la mala muerte

El Canto de la Tripulación , era como un banderín de enganche. Los que se alistaban, caminaban por el mundo bajo un trapo negro. El trapo llevaba tatuada una mujer apoyada en una calavera. ¡Pura vida¡ gritaban. Yiyo era uno de ellos.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y aunque los gritos de guerra han cambiado y el trapo negro encara el viento hecho jirones, su épica permanece viva.

Yiyo era de Cartagena y nunca supe su apellido y casi nada conozco de él, pero le consideré mi amigo y he sido hasta hace muy poco el guardián de su legado: casi un centenar de fotos. Me las dió con la intención de que fueran publicadas en El canto de la Tripulación. No me fue posible cumplir su voluntad, El canto de la Tripulación naufragó y Yiyo murió prematuramente en un accidente en moto.

Le conocí de una manera inusual, a finales de los años noventa por una carta. En ella, una mujer escribía en su nombre. El Yiyo, según ella, nunca se hubiese atrevido ha hacerlo. Era tímido, decía, y también nos rogaba que viésemos su trabajo y que no lo juzgásemos demasiado duro, que estaba empezando. Por último, quería que supiéramos que el sueño de Yiyo era ser admitido en nuestras filas.

Fui yo, quien abrió el paquete de fotos aparejado a la carta y fui yo quien telefoneó a Yiyo. Lo hice movido por la curiosidad. En sus imágenes era visible la honestidad del autor y también que una fuerte personalidad como fotógrafo empezaba a desarrollarse. Quedamos en vernos en cuanto nos fuera posible y así, meses mas tarde, apareció por la casa de Atocha. Era un hombre joven y alto, vestía de cuero negro y su pelo era largo y cuidado. Recuerdo bien sus acuosos ojos, su mirada tímida, sus largas extremidades; me cayó bien desde el primer momento, teníamos mucho en común. Pasamos la tarde hablando de fotografía, de motos y de El Canto de la Tripulación , la revista le gustaba con locura.

Meses mas tarde volvimos a encontrarnos, fue la última vez que le vi. De aquel último encuentro en mi casa es el retrato que le hice. Recuerdo que su largo pelo me daba problemas y pensar que si lo retiraba podía variar su personalidad y equivocarme. Recuerdo mis dudas y también mi estupor y sorpresa cuando, al recogerle el pelo, vi que se potenciaba mi comprensión de él. Parece un santo del Greco. Aquella tarde yo le hice un buen retrato y el cumplió su sueño, lo alisté en nuestras filas.

El legado de fotos suyas que he guardado y protegido todos estos años, bajo el trapo negro tatuado con una mujer apoyada en una calavera, testifica mi respeto por el compañero ausente. ¡Pura Vida!

Alberto García Alix

¡Pura Vida!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volver página principal