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EL AVISO DEL PIRINEO.

Por Diego Jimenez.


Sedentario a lo largo del año, no hay cosa que más me plazca que convertirme en senderista estacional. En el verano de 1988 estuve en el Pirineo de Huesca. Desde el aparcamiento del Parque Nacional de Ordesa, una ruta de unos 14 kilómetros nos permite adentrarnos por el Cañón de ese mismo nombre, una formación de origen glaciar con paredes que se elevan hasta 800 metros desde el fondo del valle. El trayecto está flanqueado por pinos, abetos, hayas y, en la zona final, una extensa pradera alpina. Antes, el río Arazas ha ido modelando el relieve con caídas espectaculares en cascadas, de las que las ‘Gradas de Soaso’ son las más llamativas. Al final de la caminata, la vista se deleita con la impresionante y nevada mole del Monte Perdido (hay quienes se atreven a coronar su cima, previa recalada en el refugio de Góriz), cuyas níveas aguas forman la bellísima cascada denominada ‘Cola del caballo’.

El glaciarismo de finales del Cuaternario ha moldeado maravillas como ésta, un auténtico espectáculo para nuestros sentidos. Pero estos lugares pueden tener los días contados en nuestro país. En efecto,las Naciones Unidas nos han dado la voz de alerta. Un estudio del Programa de Medio Ambiente de ese organismo, elaborado en colaboración con el profesor MichaelZemp, de la Universidad de Zurich, nos advierte del retroceso del glaciarismo en toda Europa, un 25% en 30 años, por el efecto del cambio climático. En lo que a España respecta, en 1894 había casi 1800 hectáreas cubiertas de glaciares en el Pirineo español; 608 en 1982, y hoy no pasan de 300. Raquel Montón, responsable de la campaña de energía de Greenpeace, ha visitado este verano el Monte Perdido y el Aneto, este último con un grupo de 14 jóvenes de la organización. Según su valoración, la pérdida de nieve es apreciable para cualquiera que haya pisado la zona hace sólo diez años.

La situación es grave. El Gobierno acaba de dar a la luz un paquete de medidas para paliar los efectos del cambio climático. El Plan de Energías Renovables que ha aprobado recientemente –y que sustituye al Plan de Fomento de Energías Renovables 2000-2010, elaborado en 1999- prevé lograr que el 12,1% de la energía primaria consumida en España en 2010 y el 30% del consumo bruto de electricidad procedan de fuentes renovables, por recomendaciones de la Unión Europea. Pero esas propuestas son tibias y poco exigentes, según Greenpeace, que ha adelantado los datos de un estudio que está elaborando según el cual las energías renovables podrían abastecer diez veces todas las necesidades energéticas de España. En cuanto a la demanda de electricidad, el potencial podría ser de hasta 55 veces la cantidad de energía necesaria. Según esta organización ecologista, la energía solar podría abastecer más de ocho veces la demanda energética total; la biomasa podría cubrir entre el 40 y el 50% de la demanda eléctrica, mientras que la energía eólica marina –hoy muy poco desarrollada-, la solar fotovoltaica integrada en edificios y chimeneas solares y la energía mareomotriz (la de las olas) tienen cada una de ellas un potencial superior a la demanda total de electricidad.

La fusión de nuestros glaciares pirenaicos es un efecto directo de nuestro desprecio al entorno, y el precio que estamos pagando por el insaciable incremento de la demanda energética. Reducir la dependencia de recursos no renovables y, además, contaminantes es técnicamente posible. Pero son necesarios cambios más drásticos por parte de los gobiernos de todo el mundo para sustituir la energía procedente de combustibles fósiles por otras alternativas. El planeta nos está mandando señales de alarma: ciclones devastadores, sequías, inundaciones, incendios forestales

En nuestro país, el deshielo de los glaciares pirenaicos constituye un serio aviso.

Diego Jiménezdijigar@hotmail.con

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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