10 BUENAS NOTICIAS
(12 de junio de 2005)
Queridos amigos y amigas,
Tenemos muchas buenas noticias. Os las iremos comunicando poco a poco pues estamos desbordados. Hoy sólo quiero decirosque BUENAS NOTICIAS entra ya en las cárceles. Os envío un testimonio que me ha conmovido. Nos llega de la cárcel de Zuera (ZARAGOZA). Sé también de otros y otras que hacen algo parecido en cárceles, atención a prostitutas, etc. Ojalá podamos llegar cada vez más hasta los últimos, los más pequeños y despreciados.
«Bueno, pues muchas gracias por Buenas Noticias. Lo recibo puntualmente desde la Secretaría General de mi Congregación. Para mí, personalmente, para mi comunidad y desde hace un poco tiempo para la comunidad de los presos/as de la cárcel de Zuera ( Zaragoza), son una magnífica oportunidad de conectar con ese Dios cercano que nos anima a caminar todos los días... en la vida que hoy nos toca vivir.
Para mí, es motivo de Buena Noticia, la participación de los presos/as de la Cárcel de Zuera, en la celebración de la Eucaristía. Utilizamos el comentario como preparación a la Eucaristía y para establecer un diálogo rico de experiencias. El comentario del Evangelio de hoy día 5, ha sido una gozada. Creo que por primera vez el grupo de presos/as se han sentido «protagonistas» de la Encarnación de Dios.
En nuestra asamblea hay de «todo», ladrones, prostitutas, estafadores... Y todos formamos una gran familia, hoy el banquete de la Eucaristía «respiraba evangelio», todos juntos agradeciendo la cercanía de Dios y el amor entrañable y misericordioso de Jesús de Nazaret que una vez más nos invita al banquete de la fraternidad universal. Hoy, los presos/as se han sentido más personas, más dignos, más queridos.
Yo misma he sentido cómo Dios nos unía en un abrazo lleno de ternura y su amor ha derribado los muros de la desigualdad y la marginación social. Al salir una mujer me ha dicho: «Mª Carmen, no sé lo que me pasa, me siento feliz, no sabía que sentirme querida por Dios fuese algo tan gozoso, gracias por presentarnos a este Dios tan humano»... Y he percibido el guiño de Dios que siempre se hace cómplice de los más pequeños. Desde la cárcel de Zuera, gracias en nombre de todos los presos/as que tienen el gozo de saborear a Dios en medio del dolor». (M. C. F.)
Un abrazo grande y entrañable a todos,
José Antonio Pagola
UNA MIRADA DIFERENTE
Jesús le daba una importancia grande a la manera de mirar a las personas. De ello depende, en buena parte nuestra manera de actuar. Una de las fuentes más antiguas recoge esta observación de Jesús: «La lámpara de tu cuerpo son tus ojos. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tus ojos están enfermos, tu cuerpo entero estará a oscuras». Una mirada clara permite que la luz entre dentro de nosotros y podamos actuar con lucidez.
¿Cómo era la mirada de Jesús?, ¿cómo veía a la gente? Los evangelistas repiten una y otra vez que su mirada era diferente. No era como la de los fariseos radicales que sólo veían impiedad, ignorancia de la Ley e indiferencia religiosa. Tampoco miraba como el Bautista que veía en el pueblo pecado, corrupción e inconsciencia ante la llegada inminente de Dios.
La mirada de Jesús estaba llena de cariño, respeto y amor. «Al ver a las gentes, se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor». Sufría al ver tantagente perdida y sin orientación. Le dolía el abandono en que se encontraban tantas personas solas, cansadas y maltratadas por la vida.
Aquellas gentes eran víctimas más que culpables. No necesitaban oír más condenas sino conocer una vida más sana. Por eso, inició un movimiento nuevo e inconfundible. Llamó a sus discípulos y les dio «autoridad», no para condenar sino para «curar toda enfermedad y dolencia».
En la Iglesia cambiaremos cuando empecemos a mirar a la gente de otra manera: como la miraba Jesús. Cuando veamos a las personas más como víctimas que como culpables, cuando nos fijemos más en sus sufrimientos que en su pecado, cuando miremos a todos con menos miedo y más piedad.
Nadie hemos recibido de Jesús «autoridad» para condenar sino para curar. No nos llama a juzgar el mundo sino a sanar la vida. Nunca quiso poner en marcha un movimiento para combatir, condenar y derrotar a sus adversarios. Pensaba en discípulos que miraran el mundo con ternura. Los quería ver dedicados a aliviar el sufrimiento e infundir esperanza. Ésa es su herencia, no otra
José Antonio Pagola
2 de junio de 2005-11 Tiempo ordinario (A)-Mateo 9,36 – 10,8
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