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Rafael Correa se ha comportado como un auténtico caballo pura sangre: no sale el primero en la carrera, pero al final da la sorpresa.

Su verbo fluido, su discurso antisistema, su capacidad de comunicación y sintonía con los sectores populares, con sus anhelos y esperanzas,...así como su flexibilidad táctica combinada con la firmeza estratégica, más los apoyos incondicionales diversos, han hecho posible el milagro de llegar hasta la segunda vuelta y más aún de ganar la Presidencia.

El conglomerado de fuerzas sociales, sindicales, políticas, indígenas, afrodescendientes,... e incluso religiosas, tiene muchos motivos para la alegría. Sin su concurso imprescindible no hubiera sido posible llegar hasta aquí. Han demostrado generosidad, lúcida madurez y vocación transformadora rotunda.

Como dijo Benedetti:” La unidad que nos sirve es la que nos une en la lucha, con tu puedo y mi quiero, vamos juntos compañer@... ”

El lucerito de la unidad es esa llama que hay que cuidar que no se apague nunca. Unidad desde la diversidad, desde la generosidad que posibilita la fortaleza. Unidad desde la apuesta por Otro Ecuador Posible, Imprescindible.

Unidad desde la convicción que las fuerzas adversarias no se conformarán con la derrota. Ejemplos hay muchos en los países del entorno. Ahora empieza lo duro, así que... dos pasos atrás para tomar impulso.

Rafael Correa, Lenin Moreno, Pierina Correa, MOVEME y tanta otra gente de la campaña verde-esperanza destilan humanismo, humanidad, fuertes convicciones éticas que les mueven. Ahí radica su verdadera fuerza. Hablan con el corazón en la boca. Huyen hacia la sinceridad. Sintonizan con las esperanzas de los pueblos del Ecuador. Son gente común. Son pueblo. No son oligarquía elitista.

Los hemos visto. Los hemos oído. Más allá de los mítines. En el tú a tú.

Su triunfo es una muy buena noticia para la gente sencilla, para todas las personas migrantes dispersas por el mundo.

Pero todavía más, el triunfo histórico del 26 de noviembre de 2006, de Alianza País y todas sus bases de apoyo, supone el punto de no retorno para la integración latinoamericana, para el salto cualitativo de la Patria Grande, de Abya Yala,... para la construcción del ALBA. Supone ampliar las pesadillas para el decadente Emperador Bush II.

El período de Presidencia de Rafael Correa, si viene de la mano del acompañamiento popular consciente, de la crítica compañera de todas las organizaciones que lo han secundado en segunda vuelta, incluso de la catarsis autodepurativa de ciertas organizacines tradicionales de la izquierda ecuatoriana, puede ser uno de los periodos más fecundos en la historia del Ecuador y de la América Latina y el Caribe, reforzando el “eje de la esperanza”, en construcción permanente con los movimientos emergentes y los crecientes gobiernos progresistas de la región.

Simplemente se trata de empapar la gestión presidencial de tres virtudes scouts que Rafael tiene interiorizadas, por su propia experiencia vital: lealtad, abnegación y pureza.

Lealtad a los pueblos del Ecuador, a los ideales que han movido su propia vida.

Abnegación y tenacidad, que le han hecho posible capacitarse como competente economista y prepararse para mandar obedeciendo.

Pureza, para instalar la transparencia, la honestidad y la tolerancia cero a la corrupción, botándola al tacho de la basura.

Y por último, continuar con su espíritu de estar “Siempre Listo...para Servir...al Pueblo”.

Sinceramente, los pueblos del Ecuador se han dado el lujo de elegirse un presidente sin par. Hasta habla kichwa, lengua del 30 % de la población que se reconoce como originaria (indígena).

Enhorabuena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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