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El oficio de periodista y las estrategias de la globalización

In memoriam, por José Manuel Pérez Pena. Licenciado en Humanidades

Periodista, periódico, comentarista, presentador, informativos..., sirven, entre otros nombres, para definir una serie de actividades englobadas bajo el carácter de información, a la que se le confiere, por el hecho de volcar sucesos, contar chismes o dar noticias sobre un soporte de papel, audiovisual, sonoro, gráfico, informático, etc, un valor: la verdad, de la que carecen otras formas comunicativas. El término información, en estos momentos, cumple una función básicamente mercantilista y de control del individuo social, a través de la creación de un estado de opinión, que tiene la misión de ir esculpiendo un pensamiento dócil, narcotizado y sumiso frente a las formas de poder. La opinión, como dice Elisabeth Noelle-Neuman en su libro La espiral del silencio, es una fuerza poderosa capaz de resolver conflictos, derribar gobiernos y oprimir individuos. Aristóteles ya contemplaba la fuerza de la opinión en la Grecia clásica, al afirmar que: un rey que pierde el apoyo de su pueblo deja de ser rey; yMaquiavelo le dice a su monarca, también sabedor que la fuerza no lo es todo, quelo primero que debe buscar para gobernar, es el amor del pueblo y si no lo conseguí, el rey tiene que obtener el respeto del pueblo mediante el temor.

La opinión a lo largo de la historia ha tenido sus oficiantes, siempre cercanos al poder, cuando no eran el propio poder. Púlpitos, tronos y espadas fueron durante siglos los espacios privilegiados para ejercitar la fuerza poderosa de la opinión. Frailes, monarcas y guerreros se encargaron de dejar muy claro como era el mundo y los riesgos que suponía abrazar otras ideas alejadas de los dogmas oficiales. Poco han cambiado las cosas salvo por las formas que obliga el totalitarismo de la democracia formal y su sentido de la libertad, sobre todo el de la expresión. Países como EE.UU. ha utilizado la 5º enmienda de su Constitución, que habla de la libertad de expresión, como tarjetade la supremacía moral democrática frente al resto del mundo. A la división clásica de los tres poderes surgidos de la Revolución Francesa: legislativo, ejecutivo y el judicial los americanos del norte hablan de un cuarto poder: la prensa. El problema radica que el tiempo ha demostrado que los tres poderes siguen siendo uno y ese uno necesita a la prensa para seguir imponiendo la idea de un solo mundo y de una única realidad.

El modelo de información se encuentra en el punto de las miradas críticas al percibirse de manera clara la función que tiene en el nuevo orden mundial. Periódico y periodista son cuestionados en su primera función que sería la de informar; lo que entendemos como información (política, cultura, educación) se ve reducida dentro de los contenidos generales ante unos medios que dedican cada día más espacio a noticias relacionadas con aspectos banales y deportivos y a dar cobijo a la publicidad mercantil.El periodista se ha convertido en un trabajador sin autonomía y carente de libertad creativa, una pieza dentro del engranaje de una empresa, donde los beneficios cuentan más que la propia información. En estos momentos es difícil encontrar un periódico o revista donde el merchandising (producción, promoción y venta de objetos y gadgets variados) no acompañe al soporte informativo: libros, objetos de colección, películas, y sobre todo publicidad; publicidad que contamina el espacio público e influye de forma decisiva sobre el espacio mediático.El modelo informativo de solo prensa se ha visto asaltado por otras formas nuevas de comunicación compitiendo por un mercado saturado de información. La empresa periodística se ha transformado en sus formas organizativas y empresariales; el periódico como tal ha dejado de existir al igual que el periodista y su actividad primaria. El medio es ahora multimedia y multinacional dejando muy claro con su presencia en la Bolsa, que sus intereses en el mundo pasan por el mantenimiento de una economía agresiva y neoliberal, responsable de los grandes problemas que asolan al mundo como es la guerra, la desigualdad económica y la crisis ambiental.

La fábrica de la opinión y del derecho a informar es un negocio muy serio como para dejarlo en manos de unos sujetos obsesionados en verificar las fuentes de la información o en investigar el origen de la noticia o en recalcar su independencia frente a otros poderes. El periodista actual sabe que su artículo se publicara en multitud de medios y que salvo las “estrellas”, los únicos autorizados para firmar “sus” opiniones, los demás quedarán sepultadas por el anonimato de su actividad y limitados por el interés comercial o su abscripción ideológica. El trabajador de la empresa de la opinión se vera obligado a moverse dentro de la estantería comercial fijada en el mercado del pensamiento; un mercado que se mueve detrás de ofertas tan variadas como el cotilleo, corazón, deportes, aventuras, viajes, cultura, inclinaciones políticas, etc, y que tiene un objetivo claro pero no confesado: el control social de sectores amplios de la sociedad a través de la asimilación y de la homogenización. Marcusese interroga: ¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento? [1] . No es un problema de elección entre dos disyuntivas, más bien es la constatación de la ausencia de mecanismos que permitan ejercer el control democrático de los medios de comunicación tanto públicos como privados.

La ausencia de canales comunicativos de masas fuera del control de las grandes redes de la información, ahogan el malestar ciudadano hacia unos medios que se sitúan por encima de la sociedad y de las propias instituciones, y que tienen el privilegio, a través de un consejo de sanedrines, de decidir el orden del día de los temas queocuparán el interés público. La situación de indefensión de la sociedad civil crítica es total, frente al entramado ideológico-empresarial de los medias, que disfrutan de la intocabilidad que no tienen en sociedades democráticas formales otras instituciones: puedo criticar al juez que me juzga, al obispo que trafica con la salvación, al poli que me vigila y al militar que me ocupa; pero no al empresario para el que trabajo o al medio de comunicación que me sirve información.

Henri Maler, Profesor de la Universidad de París-VIII, en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique (mayo 2004) hace una invitación a levantar un movimiento contra el orden mediático y comenta el cuestionamiento cada vez más extendido sobre la concentración de medios de comunicación, la prostitución de la información y de la cultura. Es una llamada a la resistencia frente al poder que se proyecta a través de los medios y sus “intereses económicos y políticos que se camuflan bajo el ropaje de la mal llamada sociedad de la información y la promesa de un futuro cibernético vacío de contenido” [2] .Una resistencia difícil que se ve complicada por los escudos protectores (libertad de expresión y comunicación) de los que se han apropiado la actividad empresarial del periodismo y por el valor que se han conferido de ser los nuevos mensajeros que llevaran la información (una idea vacía y corrupta) a todas las partes del mundo a través de la globalización. La idea de lo global cuenta en los medios de comunicación con la inestimable ayuda de profesionales encargados de cantar las excelencias de lo global que se ha unido a otros términos positivos como son el progreso y el futuro.

Opinión global, cultura global y sociedad global son los principios sobre los que trabajan una media docena de empresas encargadas de construir su concepto de sociedad de la comunicación. La CNN, paradigma de la información total, presento su idea de lo que se debe de ver, cómo se debe de ver y cuando se debe de ver formandoparte de la panoplia militar americana en la primera guerra del Golfa. Es su idea de lo que McLujan denomino, de manera campechana, “la aldea global” y que nos advierten de que estamos ante un proyecto totalitario de comunicación, donde los intereses del Estado y del complejo económico-militar empresarial, necesitan para completar su dominio absoluto, de un sistema de transmisión de la información-verdad para completar lo que la fuerza de los cañones no pueden realizar.

Nada es verdad, todo está permitido [3]

Se nos dice que noticia es informar durante meses sobre la felatio que Mónica Lewinsky, becaria en la Casa Blanca, realizo al Presidente Clinton; también es noticia, es decir, verdad, las razones dadas por la Casa Blanca sobre la existencia de las armas de destrucción masiva que justificaron la guerra de Irak. Lo es que el mundo se divida en dos ejes: el del bien y del mal y que hay que adscribirse a uno de los dos para ser considerado amigo o enemigo. Nada de todo esto sería posible sin la existencia de un púlpito mediático de alcance global donde poder celebrar la ceremonia de la prevaricación lingüística, necesaria para amortiguar la dureza de una realidad que se introduce a la hora de comer, a través de las televisiones, con las imágenes de la guerras o de las catástrofes resultantes de la existencia de dos mundos tan diferentes. Así surgenpalabras como daños colaterales para referirse al asesinato de civiles después de un ataque realizado por nuestros ejércitos o el de ingeniería financiera para referirnos a la especulación financiera que es lo mismo que decir engaño y robo.

Estamos en un mundo plagado de lenguaje orweliano ( la novela de 1984)de “quién domina el presente, controla el pasado, quien controla el pasado, es el amo del futuro”. La semántica, como dice Mompart, “forma parte de las tramas de instauración de conceptos tácticos que esconden geoestrategias económicas, políticas, militares...y cuyos significantes quedan acuñados como expresiones técnicas exentas de ideologías”. En éste sentido los medios han sido una herramienta vital para establecer diferentes finales virtuales como<<el fin de las ideologías>>, <<el fin de los bloques>> o <<el fin de la historia>>o << del pensamiento>>; y si ellos no han creado directamente el lenguaje si que han sido los encargados de ritualizarlo con el objetivo de conseguir la unicidad: no es posible, en ese mundo global, la escisión entre imagen y realidad . No es un lenguaje inocuo es un lenguaje cerrado que sirve al mismo tiempo para intimidar y glorificar; quien no asuma el lenguaje global (que no demuestra ni explica) de lo que quiere decir la palabra paz, intervención militar humanitaria, guerra contra el terrorismo, entre otras, y no le confiera el mismo valor del que se encuentra detrás de este consenso, impuesto de modo autoritario y absolutista por los medios de comunicación, queda expuesto a caer en un aislamiento criminalizador.

La sociedad de la información se ha convertido en el único espacio donde la palabra revolución no asusta a los gobiernos ni a los poderes multinacionales, seguramente porque esa revolución de la información solamente busca los grandes silencios alrededor del lenguaje-ritualizado. Según Roland Barthes, es el lenguaje propio de los regímenes autoritarios: “El lenguaje es en sí mismo un instrumento de control, incluso cuando no transmite órdenes sino información; cuando no exige obediencia sino elección, cuando no pide sumisión sino libertad. No busca el lenguaje ni la verdad ni la mentira, sino que la establece, la impone. El nuevo recurso del lenguaje mágico-ritual consiste más bien en que la gente no lo cree, o no le importa, y, sin embargo, actúa de acuerdo con él”. A más medios la sensación es más información aunque lo que se pretende es eliminar los mecanismos por los que el individuo sea capaz de “entender” lo qué pasa configurando una sociedad con mucha opinión y escaso conocimiento.

Brzezinski, director del Instituto de Investigación sobre el Comunismo en la Universidad de Columbiadice <<La base de la potencia americana reside, sobre todo, en su dominio del mercado mundial de las comunicaciones...Esto crea una cultura de masas que incita a la imitación política>> [4] . Detrás de las palabras del politólogo se esconde todo un proyecto de dominación que opera en red, donde el espacio local, nacional e internacional son uno solo (un mundo americano con sus símbolos, sentimientos y valores). La interrelación de espacios se ha hecho posible gracias a la informática y a las tecnologías de la información y de la comunicación. La comunicación se aprovecha de su capacidad hipnótica para imponer la doctrina de la globalización por medio de un lenguaje único que pretende reducir “la tensión entre pensamiento y realidad, debilitando el poder negativo del pensamiento” [5] .Una situación que nos sitúa ante un modelo de comunicación que ha ido cambiando el sentido de las ideas y de las palabras como por ejemplo el concepto libertad. Mattelar señala que la “libertad de expresión” compite con la “libertad de expresión comercial”, presentada como nuevo derecho del hombre. La publicidad comercial se presenta como información y exige la libertad de poder fluir por medio de cualquier red sin ningún tipo de limitaciones. Llegados a este punto, la palabra libertad necesita ser redefinida al igual que otras como progreso y desarrollo, muy presentes en el diccionario de la globalización . El nuevo orden mundial de la comunicación camina de la mano de las instituciones(GATT, OMC, FMI, AMI) encargadas de imponer en el mundo un modelo en el que la única libertad que se permite es la de que las empresas multinacionales puedan comerciar y mover sus mercancías (que no las personas) sin ningún tipo de trabas ni restricción políticas ni fronterizas.

El proceso no está resultando fácil ni libre de tensiones como demuestra la ofensiva desatada por sectores e instituciones ligadas a la extrema derecha americana, encargados de presentar la resistencia cultural a lo americano, como un choque de civilizaciones. Samuel Huntington, empleado del Pentágono y conocido racista, en diferentes trabajos que han tenido una amplia difusión académica y mediática, presenta cualquier rechazo al dominio de EE.UU. y de sus corporaciones empresariales como una amenaza civilizatoria, donde el mundo blanco, anglosajón y cristiano se ve amenazado por la irrupción del islam en el exterior y por los hispanos debido a su capacidad reproductora y por hablar español. El establecimiento de una cultura única se mueve desde la imposición de unas cuotas de pantalla abusivas para las películas fabricadas por Hollywood, a las noticias suministradas por las agencias internacionales (controladas por EE.UU) o por el control de las redes de comunicación mundial. Los impulsores de este sistema no quieren hablar de regulación;la única regulación posible es la del mercado y la del consumidor. Ante esta situación de dominio las culturas autóctonas tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir frente al nuevo imperialismo cultural que no tiene en cuenta el arraigo y la tradición de culturas milenarias, reacias al consumo y a las nuevas leyes del mercado. La frustración de estas sociedades (ya no se habla de aldea global, más bien de ciudad global) adopta múltiples maneras que van desde la lectura fundamentalistas de sus tradiciones hasta el uso de la violencia frente a Occidente para evitar la asimilación y paliar la catástrofe que supone la desaparición de las economías tradicionales por un capitalismo que deja tras de sí un reguero de refugiados económicos y ambientales. Es una resistencia de tintes revolucionarios en tanto que se pone en cuestión una idea de organizar la economía y la cultura mundial y el modelo informativo impuesto por la CNN o la BBC (programación dirigidas al mundo árabe) .

El panorama inmediato no se presenta halagüeño, la tendencia es ir a más en el control de las redes de comunicación y a la creación de plataformas comunicativas donde el interés empresarial está muy presente pero sin renunciar a el papel encomendado a los medios de control del pensamiento que permita crear una sola idea de mundo y de sociedad. El consumo se ha convertido en un acto de transmisión de ideología y eso lo saben muy bien los fabricantes que con la publicidad orientan la línea editorial de la información. Robert Guerin dice que “el aire que respiramos es un compuesto de oxigeno, nitrógeno y publicidad”, y una gran parte de lo que se conoce como información adquiere la forma de propaganda ¿Dónde se encuentra la raya entre publicidad, propaganda o información veraz y objetiva?; ¿qué función juegan los periodistas en este sistema empresarial de la información?;, ¿qué es la libertad de expresión y quiénes la pueden ejercer? ¿la concentración de medios es una amenaza a la libertad?. Muchas preguntas que ponen en cuestión el papel de los medios de comunicación como garantes de la libertad de expresión y víctimas de los excesos de informar. Es cierto que mueren periodistas y que son encarcelados pero de éstas víctimas no hablo, son residuos del periodista comprometido con su tiempo y con su sociedad y marginales en todo lo que concierne al nuevo paradigma de la industria de la opiniónLas víctimas de este modelo informativo son los que promueven la pluralidad informativa, la verificación de fuentes, la idea de los medios de comunicación como un servicio público puestos al servicio de los hombres y mujerespara la solución de los problemas que aquejan al mundo. En la actualidad se pone más en valor la opinión que el conocimiento. No es es lo mismo.

Fdo: José M. Pérez Pena.

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[1] Marcuse, Herbert.El Hombre Unidimensional,Edt. Ariel,1984,pag.38.

[2] Gómez Mompart, José L., los límites de la globalización, Ariel,,2002, pag.17.

[3] comentario de Kenizé Mourad, autora de De parte de la princesa muerta, al libro Alamut, de Vladimir Bartol.

[4] Mattelar, Armand, los nuevos escenarios de la comunicación mundial. Pensamiento Crtítico VS. Pensamiento Ünico. Edt. Temas Debate, 1998.

[5] Marcuse, Herbert, “El hombre Unidimensional”.

Articulo de La Musa – Universidad de Castilla La Mancha

http://www.uclm.es/lamusa/ver_articulo.asp?articulo=126&lengua=es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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