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Por www.univision.com
Guardián intransigente del dogma
El llamado guardián del dogma, de ojos azules y mirada tímida, que combatió el sacerdocio femenino y condenó la homosexualidad, prohibió la comunión a los divorciados que se vuelven a casar y luchó contra el crecimiento de los laicos dentro de la Iglesia, no se considera un duro.
Desde antes de fallecer Juan Pablo II, el cardenal Ratzinger, encabezaba la lista de los posibles "papables". Ha sido catalogado por expertos como intransigente en cuanto al dogma católico y al mismo tiempo un teólogo preocupado por lograr soluciones a la crisis que vive la Iglesia Católica.
No es casualidad que Ratzinger presidiera desde 1981 hasta la muerte de Karol Wojtyla la célebre Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera del Santo Oficio de la Inquisición.
Juan Pablo II encargó a Ratzinger el mismo año la redacción de los textos de meditación del camino de la cruz para la Semana Santa, y éste último entregó una verdadera requisitoria en la que fustigó a las "manchas", "el orgullo" y la "autosuficiencia" en la Iglesia.
Fue uno de los tres cardenales con derecho a voto en el Cónclave que no recibió el título cardenalicio de Juan Pablo II, del que fue amigo personal, consejero y brazo derecho.
El llamado guardián del dogma, de ojos azules y mirada tímida, que combatió el sacerdocio femenino y condenó la homosexualidad, prohibió la comunión a los divorciados que se vuelven a casar y luchó contra el crecimiento de los laicos dentro de la Iglesia, no se considera un duro.
"No soy el gran inquisidor y tampoco me siento una Casandra cuando examino los factores negativos en la Iglesia", suele decir de sí mismo.
Se pensó que además de su conservadurismo, su delicada salud podría suponer un obstáculo para su elección en el Cónclave. En 2002, conforme a la regla vaticana válida para los cardenales de más de 75 años, Ratzinger presentó su dimisión a Juan Pablo II, pero éste le pidió que se quedara.
Nacido el 16 de abril de 1927 en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau, en Baviera, Ratzinger fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951, nombrado arzobispo de Munich en marzo de 1977 y proclamado cardenal el 27 de junio de 1977 por el Papa Pablo VI.
Al ser elegido por los 115 purpurados del cónclave del Vaticano se convirtió en el primer pontífice alemán desde la Edad Media.
En el marco de las luchas dentro de la fe católica, Ratzinger se opuso con vigor a la "teología de la liberación", profesada por uno de sus alumnos, el brasileño Leonardo Boff, y a los disidentes, como el teólogo Hans Kung.
Como decano de los cardenales del Sacro Colegio, Ratzinger tuvo sin dudas un papel clave en el Cónclave que lo eligió a él como el sucesor de Juan Pablo II.
Pero su conservadurismo amenazó a veces con crear crisis políticas. En 2004, Ratzinger se opuso a la entrada de Turquía en la Unión Europea, calificándola de "enorme error" y de "decisión contra la historia".
Asimismo, en 1984, Ratzinger vio como "una vergüenza de nuestra época los regímenes comunistas llegados al poder en nombre de la liberación del hombre".
Frente a una Iglesia en crisis, el cardenal alemán preconiza un acercamiento con los movimientos católicos más radicales. "Cuanto más una religión se acerca al mundo, más deviene superflua", afirmó en octubre de 2004 en el semanario italiano Panorama.
"En cambio, los nuevos movimientos cristianos, como los evangelistas, los carismáticos o las iglesias libres en Alemania están en pleno desarrollo porque defienden con uñas y dientes los grandes valores morales contra la evolución de las mentalidades", subrayó el ahora Papa, Benedicto XVI.
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