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Somos personas, no mercancías

¡Rico quítate el sombrero, que un entierro va a pasar! ¡Es el hijo de un obrero, que ha muerto de trabajar!

Así dice un cante popular andaluz, que mezcla rabia y reivindicación ante la injusticia, ante la superexplotación que exprime a los trabajadores hasta la extenuación, cuando son sustituidos por otros.

Manuel Punzano es una víctima más de la codicia empresarial, de empresarios desalmados, cuyo marcapasos de su presunto corazón es una máquina registradora, de esas de guardar el dinero facturado (en negro, claro).

Este obrero de 43 años, compatriota de San Pedro del Pinatar, ha sido una víctima más del terrorismo patronal, que coacciona, chantajea, denigra… y asesina. De ese tipo de empresarios más propios de regímenes de apartheid, donde los obreros son “mano de obra”, antes que personas.

No escucho suficientemente alto, las voces de esos adalides del humanismo cristiano, los voceros del PP, ni siquiera la de esos obispos mercenarios y reaccionarios que se escandalizan por la apertura de espacios de libertad y humanidad. Pero a los obreros, … ni agua.

No sé por qué me acuerdo de aquello de “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo” que le dijera a sus hijos, Ernesto Che Guevara, en su famosa carta de despedida.

Y tampoco sé por qué toda esa gente a la que se presume ciertos valores no está convirtiendo esto en un “casus belli”, propio de levantar una campaña por la dignificación de la condición obrera,por la entrada de la democracia en las empresas, por la humanización de las relaciones laborales,… por la humanidad, contra el neoliberalismo, que dicen quienes pregonan el zapatismo.

Manuel ha muerto abandonado, como un perro. Al sol de una plaza de la iglesia, ni siquiera a la sombra de una plaza. Francisco, el empresario de Construcciones y Edificaciones Campos de la Horadada, que lo tenía contratado ilegalmente, y su hijo, allí lo dejaron, a trescientos metros de un Centro de Salud. Ni siquiera tuvieron la humanidad de acercarlo hasta allí. Así lo atestiguan algunas personas que vieron la escena.

Sólo pensaban estos “negreros” en “quitarse el marrón de encima”, en un subidón de deshumanización en sangre.

Este problema debe golpearnos a todos. A veces, algunos responsables políticos que sufrimos dicen que este “es un problema entre el empresario y el trabajador". ¿Cuál es el papel de la Administración sino cumplir y hacer cumplir las leyes que protegen socialmente a quienes lo necesitan?

En ésta nuestra Comunidad, ya van dos personas muertas por golpes de calor, a causa del trabajo. ¿Cuántas más necesitaremos para adoptar medidas contundentes para evitar más desgracias?

Esperamos que la justicia esclarezca nítidamente los hechos, y deje caer todo el peso de la ley sobre estos presuntos terroristas patronales. A ver si así van aprendiendo algunos empresarios que la avaricia rompe el saco. Aunque no sean capaces de aprender humanidad y humanismo, a la hora de gestionar los “recursos humanos”.

 

Vicente Cervantes, 13 de agosto de 2005.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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