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IZQUIERDA UNIDA DEL MUNICIPIO DE MURCIA CRITICA LA POLÍTICA NEGATIVA DE LOS CENTROS CULTURALES DEL AYUNTAMIENTO DE MURCIA

miércoles 22 de febrero de 2006

La cultura es un instrumento fundamental en toda sociedad democrática para la creación de una ciudadanía libre y responsable, sobre todo cuando a ésta ciudadanía se le hurtan cada vez más los instrumentos críticos necesarios para comprender los acontecimientos de su propia época y para intervenir activamente en ellos.

El desarrollo de la identidad cultural de la ciudadanía contribuye a fomentarlos valores de convivencia, participación, cohesión y solidaridad. Por ello la cultura debería tener un carácter estratégico entre las políticas públicas, entendiéndola como principal agente de realización personal, cambio, emancipación y transformación social.

La política cultural del Ayuntamiento de Murcia a través de sus centros culturales

El desembarco del PP en el gobierno del Ayuntamiento de Murcia no sólo se ha notado por el fomento de la especulación urbanística sino sobre todo por la negativa y deficiente gestión de la cultura. Si a ello se une la pretensión del gobierno del PP de ocupar todas los canales de TDT con programaciones realizadas por las empresas del ladrillo el panorama para el futuro próximo no puede ser más desalentador

En nuestro municipio y como consecuencia de una demanda ciudadana creciente han ido surgiendo diversos centros culturales con usos y funciones bastante diversas. Centrándonos en primer lugar en los datos cuantitativos hay un hecho que llama la atención y es que mientras que casi todas las pedanías cuentan con una instalación de este tipo, en el casco de Murcia hay un auténtico déficit de centros culturalespues tan sólo hay cuatro (Puertas de Castilla, El Carmen, La Paz y San Pío X) por lo que, cómo ya ha reivindicado Izquierda Unida, se hace necesario adoptar los mecanismos adecuados para solventar este déficit, aprovechamiento tanto los recursos existentes (nuevos usos para viejos edificios) como creación de otros nuevos, o puesta en marcha de centros culturales públicos en nuevas zonas de expansión, aspecto este último que, dada la vorágine inmobiliaria, de nuestros gobernantes parece preocupar poco en este momento.

El segundo aspecto que se debe afrontar es el de la programación. La propia existencia de estos centros debería dar lugar a la adopción de una política cultural coherente, una política cultural planificada fuertemente arraigada en el modelo social hacia el que se pretende avanzar. En el modelo murciano, la planificación brilla por su ausencia. No hay proyecto común de los distintos centros culturales, no existen directrices que indiquen hacia dónde se debe avanzar, ni estudios de población ni nada de nada. La improvisación es la tónica dominante, se programa lo que se les va ocurriendo a los técnicos. Las preguntas sobre cómo tomar de decisiones, qué intereses defender y con qué objetivo parece que no forman parte de la planificación cultural de nuestro municipio. Añádase además otros efectos como la impermeabilidad a la crítica, la ausencia de mecanismos de participación, la opacidad en la gestión, la falta de un diagnóstico o análisis de la situación y obtendremos el cuadro completo.

Las actividades organizadas se destinan fundamentalmente a un espectro muy concreto de la población, las amas de casa, y siempre se programan actividades que se sabe van a tener garantizado el cupo de participantes (aeróbic, bailes de salón, manualidades...). La evaluación obedece sobre todo a criterios cuantitativos (número de participantes) no a otros criterios de cumplimiento de objetivos (que no hay) ni de calidad del producto ofertado (que es indiferente).

Llama la atención la ausencia de una programación realmente cultural y una dirección hacia otros sectores, como por ejemplo los jóvenes. No es de extrañar que fracasen proyectos que intentan encauzar su actividad en los fines de semana cuando estas acciones no tienen sino un carácter accesorio, secundario, y no se interviene actuando cotidianamente a través de la cultura como elemento directivo del ocio.

De todos nuestros centros culturales sólo hay una honrosa excepción, el centro Puertas de Castilla, cuya atractiva y diversa programación parece más fruto del tesón personal de su directora que de la voluntad política de hacer las cosas bien. Sin embargo su propuesta es claramente insuficiente para la demanda de una población que cada vez que abre el plazo de inscripciones presenta peticiones que multiplican las plazas ofertadas.

No es este un modelo de intervención cultural de carácter neutro. Muy al contrario es precisamente el modelo cultural que interesa al PP. Un modelo más adecuado para canalizar los intereses de prestigio de carácter partidista y propagandístico que los auténticos intereses ciudadanos.

Por último tratemos del personal implicado en la realización del proyecto. En primer lugar los técnicos, animadores socioculturales, educadores sociales comunitarios, asistentes sociales, gestores culturales. Aunque han aumentado las necesidades, hace cinco años que el Ayuntamiento no convoca un concurso para gestionar auditorios y centros culturales. Esto ha llevado a contratar este tipo de servicios con la subcontratación de empresas con el consiguiente abaratamiento del servicio ya que los así contratados perciben un salario menor que los funcionarios municipales y el perjuicio para los ciudadanos a los que se les priva de un servicio de calidad. Otro tanto cabe decir de los monitores responsables de las actividades que también dependen de este sistema de subcontratas con contratos mínimos (por horas) en los que se pagan salarios ínfimos manteniendo en la precariedad al sector juvenil que suele realizar estos trabajos. De nuevo nos encontramos con la política del subvencionar que es siempre más barato que gestionar directamente, y que como vemos conlleva consecuencias absolutamente negativas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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