Vamos a caminar Patria, nosotros te acompañamos.
"Felices los que avanzan, los que creen en el futuro, los que tienen esperanza,
los que aman el riesgo porque confían, los que se sacrifican por el nacimiento de lo nuevo",
Antonio Alonso
Compañeras y compañeros:
Antes de comenzar nuestros recorridos por todo el Ecuador, recordemos cuál es nuestro compromiso. Necesitamos sumar votos. Muchos votos. Hagámoslo asumiendo como que no tenemos uno sólo seguro. Es preciso que la mayoría de nosotros llegue a la Asamblea Nacional Constituyente. Todo lo que ha hecho hasta ahora nuestro gobierno, que es mucho, aunque falta mucho más, no podrá proyectarse estructuralmente sin consolidar el resultado electoral del próximo 30 de septiembre.
Requerimos, por tanto, arrancar la campaña con fuerza y optimismo. Pero, más que eso, recuperemos la esencia del momento histórico. No abordamos una elección más y la tarea tampoco se agota en el campo electoral. Por eso precisamos de votos que se traduzcan en ciudadanía movilizada durante y después de la elección. Esta campaña por la Asamblea y luego la misma Asamblea sintetizan una oportunidad histórica. No la desperdiciemos.
Nuestro esfuerzo debe sintonizarse con el sentir de las mayorías. Comprendamos aquella esperanza de cambio , que comenzó a consolidarse con el triunfo del ahora ciudadano presidente Rafael Correa el año pasado. Y que se cristalizó el 15 de abril, cuando una abrumadora mayoría se pronunció a favor de la Asamblea.
No podemos actuar, sin embargo, como que recién arranca este proceso. Es imposible desconocer la valiosa memoria acumulada en tantas jornadas de lucha popular. No somos, tampoco, los únicos portadores de esta propuesta de cambios revolucionarios. Continuemos las marchas de tantas mujeres y hombres, indígenas, afroecuatorianos, estudiantes, trabajadores, maestros, jubilados, jóvenes, campesinos, ecologistas, amas de casa, empleados, profesionales, comunicadores sociales, artesanos, pescadores, artistas, investigadores, emigrantes...
Transformemos este proceso electoral en un esfuerzo colectivo para repensar el Ecuador. No caigamos en la trampa de ponerle parches a la actual realidad, incluyendo la Constitución vigente. Definamos entre todos los contenidos de nuestra Patria Altiva y Soberana. Construyamos caminos democráticos para andar sin ataduras, ni amenazas. Discutamos cuantas alternativas sean necesarias para hacer realidad la utopía, sin perder de vista lo esencial del pensamiento crítico.
Esto implica tener la capacidad y sagacidad para entender el momento político que se vive. Justamente cuando todavía no se dan las condiciones para todas las transformaciones revolucionarias: eso exige saber defender el proceso incluso en condiciones y con instituciones adversas. Sin que eso nos conduzca a construir una ética de la justificación del poder por el poder. Por eso la crítica y sobre todo la autocrítica cobran un valor indispensable en la revolución ciudadana.
Pongamos atención para que nuestra Patria Altiva y Soberana no sea un nuevo membrete del iluminismo intelectual. Tampoco el resultado de simples voluntarismos. Su construcción sólo será posible teniendo presente las necesidades y angustias del momento, así como las enormes potencialidades existentes. Y, en particular, reconociendo en la ciudadanía -todos los habitantes del campo y de las urbes- al verdadero actor del cambio. Nosotros nos comprometemos a ser los intérpretes e intermediarios de la ciudadanía, en lo que este a nuestro alcance y capacidades, contando con el apoyo de la ciudadanía.
Para lograrlo superemos los egoísmos. Abramos la puerta a la alegría, a la creatividad, a la espontaneidad. En tanto subsistan la prepotencia y la injusticia, las inequidades y los abusos, la pobreza y la opulencia, hay mucho por hacer. Por eso, la Asamblea apenas será una etapa más en el camino. Una etapa histórica, a la que debemos llegar con humildad, sin caer presas de triunfalismos o peor aún de fatalismos derrotistas. Nadie nos regalará nada. Las fuerzas que se oponen al cambio, dentro y fuera del país, harán lo imposible por impedirlo. Nosotros por conseguirlo.
Sólo con el concurso de amplios sectores de la población podremos contribuir en el diseño de nuestra Constitución, entendida como un proyecto de vida en común. Un proyecto escrito ahora pensado en el mañana. Un proyecto liberador y tolerante, sin perjuicios ni dogmas. Un proyecto que nos permita tener una vida equilibrada entre todos los individuos, y de la colectividad con la Naturaleza. Nunca nos olvidemos que lo humano se realiza en comunidad. Con y en función de otros seres humanos, sin pretender dominar a la Naturaleza.
La tarea es de construcción democrática de una sociedad democrática. Así de simple, así de complejo.-
Alberto Acosta
12 de agosto del 2007